25 nov. 2017

Atropello de Carmena a la Gran Vía

A partir del próximo 1 de diciembre se irá cerrando la Gran Vía a los vehículos particulares. Primero se quitará un carril por sentido y paulatinamente se anulará todo el tráfico particular de la arteria.
La ilustre alcaldesa perpetra así otra de sus fantasías, la de convertir la Gran Vía en un parque de atracciones, por donde circulen autobuses turísticos y sobre todo muchas bicicletas, como va haciendo en otras calles principales de Madrid, aunque los ciudadanos pedaleando brillan por su ausencia. 

El caos que se avecina será gigantesco, porque lo que quiere Carmena es sacar todo el tráfico privado de una enorme zona que considera casco histórico y, parece ser, sólo de uso turístico. Sin preguntar a las empresas, oficinas y demás centros productivos que hay en su interior, a los cuales imaginamos que no les hará mucha gracia. Antes de que acabe su legislatura, con sus maneras estalinistas, se habrá cerrado la gigantesca zona que rodean las siguientes vías: Alberto Aguilera, Sagasta, Génova, Recoletos-Prado, Rondas de Atocha-Valencia-Toledo, San Francisco, Bailén, Pza. de España y Princesa. El tráfico se desplazará a José Abascal, María de molina, las Rondas, Dr. Esquerdo, esquivando los carriles-bici y aglomerándose masivamente. 

Como la alcaldesa no prevé nada, no hay refuerzos en el transporte público para dar alternativas a la movilidad, y de hecho los técnicos siempre han dicho que es imposible dar servicio a toda la población con la EMT. No se puede cerrar un centro “histórico” de esas dimensiones. De hecho no ocurre en ninguna capital europea, los centros son de menor tamaño, y los que tienen uno muy grande, no lo cierran para evitar asfixiar a la población, como ocurre en Roma o Atenas.

Todos estamos a favor de limitar el coche privado y fomentar el uso de transporte público, de acabar con los atascos y solucionar el problema de la contaminación. Pero eso se hace coordinándose con las localidades del cinturón urbano, para facilitar la entrada a Madrid en transporte público, abriendo aparcamientos gratuitos en la periferia y conectados al metro o autobuses, se hace apoyando y dirigiendo bien a la Policía Municipal, en vez de machacándola, y sobre todo consultando a los vecinos afectados, en especial a las empresas radicadas en las zonas sobre las que pone su mirada la alcaldesa iluminada.